
El Soberano del anillo de Fuego
Krakatoa nació con la erupción de un volcán. De entre el fuego y el humo surgió como un dragón pequeño, sin alas con las que volar y un cuerpo demasiado pesado y rechoncho. Por eso, se le consideró un "dragón menor", un dragón con características de estos seres pero, al no tener la capacidad de volar, se los considera inferiores.
Durante varios años, siglos, vivió bajo la corteza terrestre, resignándose a una vida en las oscuras entrañas de la tierra, donde el dragón creció...más grande y fuerte de lo que cabría imaginar.
En cierto momento, Krakatoa quiso ir a la superficie para ver cómo era, para ser parte del mundo exterior, el cual le daba curiosidad conocer. No quería seguir oculto, en lo profundo. Él quería darse a conocer al mundo, quería que todo el planeta supiese de él, que oyesen, celebrasen y temiesen el nombre de Krakatoa.
Subió a la superficie terrestre haciendo que un volcan emergiese en el océano, creando con esto una pequeña isla. El dragón quedó maravillado con las vistas, con el cielo azul, con el basto océano, con la brisa del aire acariciándole...
Pero el dragón soberano de esas tierras no estaba contento con la presencia de Krakatoa. Acudió a la isla creada por el dragón de obsidiana y empezó a atosigarlo con ataques desde el aire, lanzándole bolas de fuego, rayos y fuertes ráfagas de aire. Todos esos ataques no hacían mucha mella en el poderoso cuerpo de Krakatoa, pero por mucho poder físico que tuviese, no podía volar. No podía alcanzar al dragón.
Tuvo entonces un plan brillante. Quizá él no podía alcanzarlo, pero si sacudía la tierra con suficiente fiereza, podría crear una erupción lo suficientemente poderosa como para que la tierra estallase en forma de rocas y lava que alcanzase al dragón.
De esa manera, Krakatoa provocó a su archienemigo, haciendo que apareciese cerca de un volcán que llevaba un tiempo activo...y cayó en la trampa. Krakatoa agitó la tierra con toda su fuerza, haciendo que todo ese poder se transmitiera al volcán. La erupción fue tan poderosa que afectó a todo el planeta. El temblor sacudió continentes, el humo del volcán ocultó el cielo, y cientos de rocas volcánicas salieron disparadas a increible velocidad hacia el cielo. Estas rocas acertaron al dragón que reinaba esa tierra, derribándolo sobre la isla.
Krakatoa tuvo aquí su oportunidad, mordiendo el cuello del dragón y destrozándolo. Con su victoria, el dragón de obsidiana rugió junto a las explosiones del volcán, declarándose ahora el soberano de esas tierras.
El volcán fue nombrado Krakatoa en honor al dragón, ya que para los humanos que vivían en toda aquella región, el dragón volador que había caído era un tirano. Tras ese acontecimiento, Krakatoa no se detuvo ahí. Fue en busca de la familia de ese dragón para asegurarse que ninguno de sus descendientes o parientes buscasen venganza. Todas esas batallas fueron creando erupciones en distintos volcanes, creándose así el conocido como Anillo de Fuego, el reino de Krakatoa.
Después de aquella masacre, el dragón de obsidiana se retiró a las islas de Hawai para festejar que ahora era él el soberano de esas tierras. Montó una fiesta apoteósica, tan grande que duró varios años, una fiesta a la que fueron invitadas dragones y criaturas de todo tipo y de todas partes, así como humanos, con los que Krakatoa se llevaba estupendamente debido a su personalidad jovial y festiva.
Tras esa increíble fiesta, la mayor y más duradera que había visto el planeta, Krakatoa se echó a dormir durante mucho, mucho tiempo. Y esa siesta le debilitó un poco.
Pero al despertar, sintió una llamada. La llamada de algo poderoso en una tierra lejana, fuera de los límites del Anillo de Fuego.